
Por Alfredo Álvarez C.
El título no pretende aludir a la película basada en la novela gráfica de Frank Miller relacionada con la Batalla de las Termópilas en la que el Rey Leónidas se enfrenta a la expansión del Imperio Persa que amenaza las libertades de Esparta. En esta ocasión me refiero al número de diputados que como máximo deberían integrar la cámara de diputados, si a ella se incorporaran tan sólo aquellos que obtuvieran el voto directo del pueblo de México y desaparecieran los llamados diputados plurinominales, como ocurre también en la Cámara de Senadores.
Al dispendio económico que va por cuenta del erario a favor de las campañas, los partidos, el IFE y la conformación del Congreso de la Unión con sus ostentosos salarios (dietas), aguinaldos, oficinas, staff, gastos de representación y liquidaciones, debemos multiplicar el injustificado aparato que representa soportar el peso de los diputados (200) y senadores (32) plurinominales. Tragedia que se repite en las legislaturas locales.
Surgida como estrategia para incrementar la presencia de las minorías en la época de partido hegemónico (PRI) lo que permitió en su momento fortalecer la representación social, preparar a los partidos políticos para el trabajo parlamentario (que era prácticamente inexistente) y en su momento cultivar un pluripartidismo robusto como condición para potenciar la democracia de partidos en los años 80, la figura de los diputados plurinominales se encuentra totalmente agotada y secuestrada por los partidos políticos y más específicamente por sus tribus y gavillas .
Además del costo económico de estos 232 representantes de partido en el Congreso de la Unión, que debe rondar conservadoramente entre los 800 y 1,000 millones de pesos anuales, existen otros efectos nocivos que ojalá se resolvieran con el dinero escaso que distraemos de otros programas de mayor trascendencia social y que contribuyen destacadamente a desacreditar al gobierno, a cuestionar a la democracia de partidos en nuestro país y socavar la confianza de la sociedad en las instituciones representativas, situación que es todavía más grave pues tiende a hacer inviable la democracia y propicia reversiones indeseables. O sea, los políticos mexicanos acabando con el sistema que los mantiene. Véase el caso de Venezuela.
Al leer las listas de candidatos plurinominales emitidas por los partidos políticos para el proceso electoral del 2009 los ciudadanos percibimos al sistema político como enemigo y a los políticos que nos representan como secuestradores callejeros. Los sueños prometidos en la fórmula alternancia+democracia= bienestar parecen desvanecerse día a día, pues ni la democracia ha generado los beneficios económicos esperados, ni la alternancia ha mejorado las practicas e instituciones políticas, ni los órganos representativos del estado parecen atender nuestros intereses y cuidar nuestro dinero.
Empecemos a corregir el rumbo: ¡INSISTAMOS EN QUE SE ELIMINE LA INUTIL FIGURA DE LA REPRESENTACIÓN PROPORCIONAL!, por mas que aboguen los políticos por ella.
El título no pretende aludir a la película basada en la novela gráfica de Frank Miller relacionada con la Batalla de las Termópilas en la que el Rey Leónidas se enfrenta a la expansión del Imperio Persa que amenaza las libertades de Esparta. En esta ocasión me refiero al número de diputados que como máximo deberían integrar la cámara de diputados, si a ella se incorporaran tan sólo aquellos que obtuvieran el voto directo del pueblo de México y desaparecieran los llamados diputados plurinominales, como ocurre también en la Cámara de Senadores.
Al dispendio económico que va por cuenta del erario a favor de las campañas, los partidos, el IFE y la conformación del Congreso de la Unión con sus ostentosos salarios (dietas), aguinaldos, oficinas, staff, gastos de representación y liquidaciones, debemos multiplicar el injustificado aparato que representa soportar el peso de los diputados (200) y senadores (32) plurinominales. Tragedia que se repite en las legislaturas locales.
Surgida como estrategia para incrementar la presencia de las minorías en la época de partido hegemónico (PRI) lo que permitió en su momento fortalecer la representación social, preparar a los partidos políticos para el trabajo parlamentario (que era prácticamente inexistente) y en su momento cultivar un pluripartidismo robusto como condición para potenciar la democracia de partidos en los años 80, la figura de los diputados plurinominales se encuentra totalmente agotada y secuestrada por los partidos políticos y más específicamente por sus tribus y gavillas .
Además del costo económico de estos 232 representantes de partido en el Congreso de la Unión, que debe rondar conservadoramente entre los 800 y 1,000 millones de pesos anuales, existen otros efectos nocivos que ojalá se resolvieran con el dinero escaso que distraemos de otros programas de mayor trascendencia social y que contribuyen destacadamente a desacreditar al gobierno, a cuestionar a la democracia de partidos en nuestro país y socavar la confianza de la sociedad en las instituciones representativas, situación que es todavía más grave pues tiende a hacer inviable la democracia y propicia reversiones indeseables. O sea, los políticos mexicanos acabando con el sistema que los mantiene. Véase el caso de Venezuela.
Al leer las listas de candidatos plurinominales emitidas por los partidos políticos para el proceso electoral del 2009 los ciudadanos percibimos al sistema político como enemigo y a los políticos que nos representan como secuestradores callejeros. Los sueños prometidos en la fórmula alternancia+democracia= bienestar parecen desvanecerse día a día, pues ni la democracia ha generado los beneficios económicos esperados, ni la alternancia ha mejorado las practicas e instituciones políticas, ni los órganos representativos del estado parecen atender nuestros intereses y cuidar nuestro dinero.
Empecemos a corregir el rumbo: ¡INSISTAMOS EN QUE SE ELIMINE LA INUTIL FIGURA DE LA REPRESENTACIÓN PROPORCIONAL!, por mas que aboguen los políticos por ella.