
José Osuna Camacho
Hasta hace dos décadas, Tijuana era una de las ciudades de mayor dinamismo en el País. A pesar de nuestro permanente rezago en infraestructura y calidad urbana, nuestra ciudad estaba en los primeros sitios en los indicadores económicos y generación de empleos. Los servicios de educación y salud eran de los mejor evaluados de México. Aunque ya asomaba el problema de la inseguridad, a Tijuana se le consideraba como una ciudad tranquila y con buen ambiente para los negocios y la vida social.
Durante estos últimos años, los nativos y residentes antiguos de Tijuana sentimos angustia por el grave deterioro en todos los índices de nuestra calidad de vida: Educación publica insuficiente y de baja calidad; servicios de salud precarios y saturados; atraso urbanístico, etc. El impacto de la inseguridad publica en la economía y nuestra vida diaria ha sido catastrófico. Los gobiernos responsables de velar por la seguridad de los ciudadanos, por acción u omisión; lo cual es aun mas grave, prácticamente pusieron nuestros cuerpos policíacos al servicio de la delincuencia.
Es preocupante y porque no decirlo, alarmante, la desaparición de tiendas, restaurantes, centros de diversión y negocios que eran parte de la tradición e historia de la ciudad. Letreros y avisos de “se renta o se vende”, se encuentran sobre avenidas y centros comerciales donde era raro encontrarlos y donde la demanda de espacios para establecer un negocio, hacía que se pagara una cantidad extra {Guante} para obtenerlo.
Estamos sumidos en un laberinto de incertidumbre sin respuesta a nuestras dudas y cuestionamientos: ¿Donde quedó nuestra orgullosa y pujante ciudad capaz de capotear el fin del régimen de zona libre, devaluaciones, operaciones intercepción y virtuales cierres de garitas?; ¿Que sucedió con la antaño alegre y bulliciosa avenida Revolución hoy convertida en un virtual pueblo fantasma?
¿Porqué cerraron y desaparecieron el hipódromo y el frontón JAI ALAI?; ¿Porqué destruyeron el Toreo, uno de los sitios emblemáticos de la ciudad? ¿Por qué después de tanto tiempo no terminan de depurar los cuerpos policíacos? ¿Cuando terminará la sensación de vivir en estado de guerra por la presencia permanente del ejército y policías federales patrullando nuestras calles?
Si los Tijuanenses realizamos un riguroso examen de memoria y conciencia histórica, considero que vamos a encontrar respuestas, responsables y posibles soluciones a mucho de estos cuestionamientos, ¿Usted que opina?
Hasta hace dos décadas, Tijuana era una de las ciudades de mayor dinamismo en el País. A pesar de nuestro permanente rezago en infraestructura y calidad urbana, nuestra ciudad estaba en los primeros sitios en los indicadores económicos y generación de empleos. Los servicios de educación y salud eran de los mejor evaluados de México. Aunque ya asomaba el problema de la inseguridad, a Tijuana se le consideraba como una ciudad tranquila y con buen ambiente para los negocios y la vida social.
Durante estos últimos años, los nativos y residentes antiguos de Tijuana sentimos angustia por el grave deterioro en todos los índices de nuestra calidad de vida: Educación publica insuficiente y de baja calidad; servicios de salud precarios y saturados; atraso urbanístico, etc. El impacto de la inseguridad publica en la economía y nuestra vida diaria ha sido catastrófico. Los gobiernos responsables de velar por la seguridad de los ciudadanos, por acción u omisión; lo cual es aun mas grave, prácticamente pusieron nuestros cuerpos policíacos al servicio de la delincuencia.
Es preocupante y porque no decirlo, alarmante, la desaparición de tiendas, restaurantes, centros de diversión y negocios que eran parte de la tradición e historia de la ciudad. Letreros y avisos de “se renta o se vende”, se encuentran sobre avenidas y centros comerciales donde era raro encontrarlos y donde la demanda de espacios para establecer un negocio, hacía que se pagara una cantidad extra {Guante} para obtenerlo.
Estamos sumidos en un laberinto de incertidumbre sin respuesta a nuestras dudas y cuestionamientos: ¿Donde quedó nuestra orgullosa y pujante ciudad capaz de capotear el fin del régimen de zona libre, devaluaciones, operaciones intercepción y virtuales cierres de garitas?; ¿Que sucedió con la antaño alegre y bulliciosa avenida Revolución hoy convertida en un virtual pueblo fantasma?
¿Porqué cerraron y desaparecieron el hipódromo y el frontón JAI ALAI?; ¿Porqué destruyeron el Toreo, uno de los sitios emblemáticos de la ciudad? ¿Por qué después de tanto tiempo no terminan de depurar los cuerpos policíacos? ¿Cuando terminará la sensación de vivir en estado de guerra por la presencia permanente del ejército y policías federales patrullando nuestras calles?
Si los Tijuanenses realizamos un riguroso examen de memoria y conciencia histórica, considero que vamos a encontrar respuestas, responsables y posibles soluciones a mucho de estos cuestionamientos, ¿Usted que opina?