
Por: Marginal.
Vuelve la propaganda política negra en este 2009, es decir, la de desprestigio al adversario.
En las campañas por la presidencia de la república de 2006 un partido utilizó ampliamente este tipo de propaganda, con resultados sorprendentes: en breve lapso la balanza de las preferencias electorales se equilibró, después de que uno de los candidatos llevaba, según las encuestas, amplia ventaja.
La respuesta a la campaña de desprestigio nunca llegó. Los candidatos denostados pensaron que los electores menospreciarían los spots donde se les atacaba impunemente, pero se equivocaron. Olvidaron aquella máxima de Goebbels, responsable de la propaganda nazi, que dice que una mentira audaz repetida suficientes veces será creída por las masas.
En estos días está sucediendo lo mismo que en 2006: el mismo partido que cosechó dividendos en aquel año está utilizando todos los medios de comunicación masiva difundiendo “spots negros” para atraer al electorado a su favor para las elecciones del primer domingo de julio de 2009.
Y tampoco ahora hay respuesta. Los spots de la oposición son insulsos.
No parece que la respuesta deba ser del mismo color (negro), pero sí debería de darse con mayor astucia a efecto de contrarrestar la estrategia que envenena el ambiente político nacional.
Los responsables de la propaganda de Obama dieron una lección de cómo aprovechar la Internet y otros medios para difundir propuestas e ideologías.
Parece que los partidos de oposición andan escasos de reflejos políticos; reciben y vuelven a recibir golpes en espera de que el IFE salga en su defensa sancionando al agresor, cosa que parece que no sucederá.
Es menester dignificar a la política con ética, con principios, con propuestas que respondan a diagnósticos reales y con acciones del lado de las mayorías, en contraposición a la guerra negra mediática; de otra manera aumentará el desprestigio social de los políticos y remontar ese desprestigio será sumamente difícil.
Con la propaganda negra se está dañando la posibilidad de que en el futuro surja un liderazgo nacional legítimo, con amplio respaldo popular, que pueda sacar a México de la crisis endémica que padece.
Vuelve la propaganda política negra en este 2009, es decir, la de desprestigio al adversario.
En las campañas por la presidencia de la república de 2006 un partido utilizó ampliamente este tipo de propaganda, con resultados sorprendentes: en breve lapso la balanza de las preferencias electorales se equilibró, después de que uno de los candidatos llevaba, según las encuestas, amplia ventaja.
La respuesta a la campaña de desprestigio nunca llegó. Los candidatos denostados pensaron que los electores menospreciarían los spots donde se les atacaba impunemente, pero se equivocaron. Olvidaron aquella máxima de Goebbels, responsable de la propaganda nazi, que dice que una mentira audaz repetida suficientes veces será creída por las masas.
En estos días está sucediendo lo mismo que en 2006: el mismo partido que cosechó dividendos en aquel año está utilizando todos los medios de comunicación masiva difundiendo “spots negros” para atraer al electorado a su favor para las elecciones del primer domingo de julio de 2009.
Y tampoco ahora hay respuesta. Los spots de la oposición son insulsos.
No parece que la respuesta deba ser del mismo color (negro), pero sí debería de darse con mayor astucia a efecto de contrarrestar la estrategia que envenena el ambiente político nacional.
Los responsables de la propaganda de Obama dieron una lección de cómo aprovechar la Internet y otros medios para difundir propuestas e ideologías.
Parece que los partidos de oposición andan escasos de reflejos políticos; reciben y vuelven a recibir golpes en espera de que el IFE salga en su defensa sancionando al agresor, cosa que parece que no sucederá.
Es menester dignificar a la política con ética, con principios, con propuestas que respondan a diagnósticos reales y con acciones del lado de las mayorías, en contraposición a la guerra negra mediática; de otra manera aumentará el desprestigio social de los políticos y remontar ese desprestigio será sumamente difícil.
Con la propaganda negra se está dañando la posibilidad de que en el futuro surja un liderazgo nacional legítimo, con amplio respaldo popular, que pueda sacar a México de la crisis endémica que padece.
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